4. ¿Ángeles y Demonios?

Sonaba “I Love Rock & Roll” en la voz de Joan Jett cuando entre el humo apareció recortada la figura de Gabriela Pratt enfundada en un traje de cuero negro ceñido por un cinturón con una enorme hebilla plateada.
Su estatura no era muy considerable, pero los tacos de las botas la ayudaban a superar el metro sesenta. Por entre los pliegues de su máscara se dejaban escapar unas adorables ondas doradas. Y de haber estado más cerca hubiera podido notar el color de sus ojos. Tiempo después descubrí que eran color miel.
Me apuré a intentar unas fotos, pero estaba demasiado distraído para lograr un buen encuadre. Buscar con la cámara no me dejaba ver. Y en ese momento ver era todo lo que quería.

De un rápido movimiento, la chica sacó un látigo y lo desplegó sobre el escenario. Creo que al escuchar ese ‘whip’ del chasquido de cuero contra madera tuve la primera fantasía sadomasoquista de mi vida.
Demonios imaginarios revoloteaban alrededor de la muchacha mientras ella daba sus últimos pasos por la pasarela. Yo se que todo estuvo en mi, pero así se sintió en el momento.

- ¡Dejá! – Dijo Grace con desgano, y acomodó mi mandíbula agarrando la cámara y devolviéndome a la realidad, todo en un solo movimiento. – …Dejá que yo me arreglo.

No volvimos a tener inconveniente con los siguientes participantes: Diablitos y angelitas, maripositas y mariposones, detectives cuarentones, superhéroes venidos a menos, vampiros con sobredosis de gel para peinar, veteranos de guerras que nunca existieron, mucamitas que lo único que saben limpiar son billeteras, gángster retirados y divas de otros tiempos desfilaron y fueron capturados por mi cámara y la de Grace por igual.
Pero yo ya me empezaba a impacientar cuando el anunciador dice por fin el nombre que yo esperaba:

- ¡De zona oeste!… ¡Anahí Nicolao!

Les juro que en ese momento escuché cantar un coro de ángeles. Ok, lo sé. Fue solamente en mi cabeza, pero fue lo más lindo que escuché.
Querubines revoloteaban a su alrededor, cuando un giro inesperado hizo volar su pollerita tableada. Decenas de flashes acompañaron los gritos y aplausos del momento. Y dejándose llevar por la emoción Anahí repitió el espectáculo, esta vez levantando ella misma la pollera con su mano y mostrando todo durante largos -eternos- segundos para que nadie se lo tenga que imaginar.

Entre risas, gritos y aplausos la música se apagó. Por un segundo la chica no supo qué hacer. Luego su expresión cambió. Anahí rompió en llanto y al tratar de bajar las escaleras corriendo, tropezó. El presentador quiso ayudarla, pero ella se reincorporó por su cuenta.
En dos segundos vino corriendo hacia mí. Y dándome un fuerte abrazo sollozó:

- ¡¿Qué va a pensar mi papá cuando se entere de esto?!

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